El zafiro, una gema emblemática, seduce por la riqueza y la profundidad de sus colores. Perteneciente a la familia de los corindones, se presenta en una amplia gama de tonos: azul, rosa, amarillo, violeta o incluso verde. Símbolo de elegancia y refinamiento, el zafiro aporta carácter y sofisticación a cada creación, ya sean anillos, colgantes o pendientes, y combina armoniosamente con todas las monturas, desde el oro blanco hasta el oro rosa.
Origen y características
Los zafiros más bellos proceden principalmente de Madagascar y Sri Lanka, pero también de Birmania y Tailandia. Su elevada dureza, 9 en la escala de Mohs, los convierte en una piedra resistente e ideal para el uso diario, ya que conservan su brillo e intensidad.
¿Cómo elegir un zafiro?
La elección de un zafiro se basa en tres criterios fundamentales:
El color: Es el color dominante de la piedra, acompañado de un color secundario que crea sutiles matices (azul/violeta, violeta/rosa, verde/azul…).
El tono : representa la intensidad del color. Por ejemplo, un azul noche será más oscuro que un azul cielo, aunque el tono sea similar.
La saturación : refleja la pureza del color. Cuanto mayor es la saturación, más intenso y vivo es el tono. Las piedras de colores muy puros suelen denominarse «vívidas».
El valor de un zafiro depende de la intensidad de su color, su pureza y su origen. Las piedras raras, con alta saturación y sin tratar, alcanzan los precios más elevados, lo que refleja su excepcional belleza y su carácter único.